Nostalgia. Añoranza por un tiempo pasado mejor, pero que nunca existió. El cogito ergo sum de Descartes no tenía hueco en la última mesa del IV Congreso Internacional de Periodismo.  Una mesa titulada El control del yo, pero que no pudo controlar ni siquiera Teodoro León Gross. Lo que parecía que iba a ser una lección para los alumnos de Periodismo allí presentes se convirtió en un show, entretenido, pero probablemente sin trascendencia.

Las viejas glorias, en su pompa. Alsina, con su ironía. A Jesús su nombre le avala, es el loco de la colina, y según cuenta, su programa lo dejó tocado. Dragó, un viajero, con mucha experiencia a sus espaldas. Alsina, el nuevo de la clase, lo han adelantado de curso por lo de Rajoy, ya saben, los catalanes y Europa.  La tensión crece a la par que el loco levanta su tono de voz y se abalanza sobre su presa, el nuevo.

Cuando el entrevistador es la estrella: control del yo || Fundación Manuel Alcántara


Los veteranos juegan siempre con ventaja, en el periodismo y en cualquier otra profesión. No todo el mundo puede entrevistar a Beni de Cádiz o a Juan Joya Borja. El segundo es “El Risitas”, no es ningún político. Y claro, es muy fácil decir que hoy no se hace buen periodismo en la TV cuando tú has “entrevistado” a un personaje que se dedicaba a reírse de sus propios chistes. Es fácil que un viajero te diga: “Oye, pues vete a Siria a trabajar”.  Lo difícil es ver la realidad. Si no te gusta lo que ponen en la televisión o en la radio, apaga. En Internet la oferta es inmensa. Si tampoco te convence, crea tu propio contenido.

Son estrellas porque han hecho más de 4.000 entrevistas. Porque si los llamas así, ganan más dinero. Pero, al fin y al cabo, son estrellas. Esta no es una profesión del yo, ni de ser famoso y que hagan cola para una foto contigo. Buscamos contar historias: la historia del que tenemos enfrente, del que no tiene voz, de los que están escondidos y no nuestra historia con nuestras anécdotas o “batallitas” con amigos. Eso es otro formato, entretenimiento.